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Convivir siendo empáticos

Salud mental...

Por María Laura García 

Entregar, sentir solidaridad y relacionarte a los otros con cariño, empatía u ofreciendo recursos valiosos como lo son el tiempo y el apoyo, te conecta con tu humanidad y con tu prójimo. Se trata de principios que te harán sentir orgulloso de ti mismo y útil para los demás.

Sin embargo, estoy segura, porque a todos en algún momento a todos nos pasa que, en ocasiones, puede que te sientas agotado o abrumado de dar o te genera ansiedad que siempre estén contando con tu ayuda. De hecho, piensas que has dado y dado y parece que nunca es suficiente. Es más, en ocasiones, lo has hecho descuidando tu propio bienestar y te encuentras con situaciones incómodas en las cuales a pesar de servir, la gente o no agradece o hasta se
queja.

Lo anterior, a mí me ha hecho preguntarme, ¿hasta cuándo es bueno dar? ¿Cómo establecer límites?

Ser asertivos en el dar…

Para dar en su justa medida, debes revisar si el dar es algo que te nace o si más bien sientes presión por la influencia familiar o cultural que te señala que es tu deber u obligación “ayudar siempre a todos”. Ahora bien, ten presente que, tu principal responsabilidad es contigo mismo y con los miembros de la familia que dependen de ti.

Estima que es dar un apoyo puntual y qué es estar de forma incondicional y permanente a disposición de otros; pero estableciendo claramente con quiénes actuar de una u otra forma.

Muy importante es analizar en cada situación, si el apoyo que quieres brindar, lejos de fortalecer al otro, alimenta su dependencia; de ser así, recuerda el refrán popular: “en lugar de regalar un pescado, enseñar a pescar”; es decir, lo responsable es fijar límites o condiciones que te permitan ser generoso , al mismo tiempo, propiciar la autonomía y el compromiso de cada quien, en la resolución de sus problemas y satisfacción de sus necesidades.

Aprender decir no…

Cuando la decisión sea no dar, hazlo con seguridad interna, sin sentirte culpable, pero sin dejar de ser gentil con tu prójimo. Esto no es otra cosa que aprender a fortalecer nuestro sentido de libertad para elegir y decidir cuándo, cómo y a quién dar.

Llegados a este punto es vital revisarnos para reconocer si detrás de esa tendencia a dar y servir a los demás, la motivación es tu necesidad de ser reconocido (a) y querido (a) por los que te rodean. S la respuesta es sí, pues debes trabajar el afirmarte a ti mismo en tu propia estima y valoración.

En Venezuela existe una gran necesidad que impone el dar…

En los tiempos convulsos y de crisis humanitaria que atravesamos en el país, a diario recibimos cantidad de solicitudes, que nos ponen constantemente en el dilema de dar o no dar y cuánto dar a personas que son desconocidas, que están en condiciones muy difíciles o en situación de calle.

En estos casos, te invito a que, según tu sentir y tus posibilidades, ofrezcas contactos, recursos, insumos o voluntariado a organizaciones o grupos que apoyan a personas con dificultades. ¿Por qué? De esta manera, creo que pueden canalizarse más eficientemente tus recursos y voluntad de dar a los miembros más vulnerables de la sociedad.

Dar de ti mismo, con tus capacidades y recursos, es un actuar que te ennoblece, especialmente cuando te reafirmas en tu valía dándote la oportunidad y el poder de decidir sobre tu acción de dar.

Para finalizar…

Para insistir en que estemos claro que significa … la empatía es una característica que se enmarca dentro de lo que se ha denominado “inteligencia emocional” y no es más que la capacidad de colocarte en el lugar del otro para lograr ver las cosas desde su punto de vista.

Según los expertos, el hombre y la mujer están genéticamente programado para sentir empatía. Recientemente, se descubrió una red de neuronas, denominadas neuronas espejo, que son el fundamento fisiológico de esta habilidad humana. Una persona, al notar un determinado estado emocional en otra, experimenta cambios en su cerebro hasta lograr una similitud casi del 80% con la actividad neuronal del que siente la emoción en primera persona.

Los científicos creen que la empatía es la base de las relaciones humanas, la catalogan como el origen de la amistad, la solidaridad, la colaboración y la intimidad, por lo tanto es lo que nos ha hecho evolucionar como especie, porque nos ha llevado a protegernos los unos a los otros de las adversidades.

Si bien las neuronas espejo están presentes en todos, no las desarrollamos en la misma medida. Así como hay personas poco empáticas, existen otras que se desbordan en esta habilidad, pero sin duda, ambos casos pueden ser problemáticos, por lo cual debemos buscar el balance, que ha sido el objetivo de este artículo, hacerlos reflexionar en este sentido, para poder vivir con más salud mental, porque la “empatía consciente”, es el arte de colocarte la mascarilla de oxígeno antes de auxiliar a los demás.

Recuerda que los que te rodean, también tienen neuronas espejo, así que, si alguna vez no estás en capacidad de atender las necesidades de los demás, hazlo saber de forma respetuosa, honesta y afectiva, para activar la empatía en ellos.

Además, debe también, aprender a hacerles saber tus necesidades a tu entorno para poder recibir ese mismo apoyo y ayuda cuando lo requieras. Las relaciones deben ser un camino de ida y vuelta.

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