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Una época ideal para sanar cuerpo y mente a través del amor

La Navidad...

Por María Laura García

La Navidad, para mí, es una época maravillosa por el significado espiritual que podemos darle, aunque no todos se lo otorguen. Para los que creemos en Jesús, es época de reflexión y de revisión de cuanto hicimos en el año, con el propósito de mejorar el próximo, y así convertirnos en mejores personas y, además, organizarnos internamente para seguir luchando por alcanzar nuestra metas y sueños.

Es tiempo de agradecer, porque por más retadora o miserable que pueda resultar la vida, si analizamos bien, siempre encontraremos un por qué para dar las gracias. Y esa gratitud es la que abrirá nuestra alma para seguir recibiendo todo aquello que suma “el bien” en nuestra existencia.

Durante estos días estamos llamados, más que nunca, a vivir los valores que desprenden de la tradición navideña: generosidad, humildad, gratitud, solidaridad, paz y reconciliación, amor y esperanza que para mí puede resumirse en 2 letras FE. Y los que tienen hijos deben esforzarse por transmitir esos valores en ellos como un gran regalo de vida.

Por otra parte, a su vez la FE nos hace vivir en gratitud porque nos permite ver esos pequeños milagros que se suceden todos los días, pero además dicha gratitud llena nuestro corazón de amor y ese sentimiento contribuye a nuestra salud mental y emocional.

El amor lo cura todo…

El sentimiento más sanador del universo es el amor. A ti no te ha pasado, que en esos momentos en los cuales estás enamorada(o) o feliz porque estás en un buen momento, tus allegados te piropean: ¡Qué guapa(o) estás! ¡Estás radiante! ¡Qué joven te veo! … Bueno, la causa de esos cambios visibles a los demás es sencillamente el amor.

Al igual que ocurre con el resto de las emociones, el amor se localiza en el cuerpo y no necesaria o únicamente en el corazón como imaginamos. Al experimentar profundo amor el cuerpo se convierte en un escaparate en el cual se muestran los cambios químicos que se producen a nivel interno, como por ejemplo: una mayor liberación de endorfinas, reducción en los niveles de cortisol (hormona del estrés), incremento en la producción de dopamina, oxitocina y norepirefrina, aumento en los niveles de estrógenos y liberación de melatonina; y estos cambios benefician a nuestra salud de distintas formas: mejora nuestro sistema inmunológico, baja los niveles de estrés, disminuye el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, rejuvenece nuestra piel, nos regala vitalidad y nos da más salud en general.

Con ese amor que llena el corazón se liberan más endorfinas, lo que nos regala una indescriptible sensación de felicidad, por ello se le consideran los mejores antidepresivos naturales. Además, las endorfinas mejoran el funcionamiento del sistema inmunológico, protegiéndonos de las enfermedades en general.

El amor hace que bajen en las sangre los niveles de cortisol que es la hormona que se libera como respuesta al estrés y origina un aumento de la tensión arterial, que se acumule la grasa, que se genere inflamación, etc..

Gracias al amor se incrementa también la producción de dopamina, oxitocina y norepirefrina lo cual ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, es decir que, el amor es bueno para el corazón y de que veamos bella la vida.

Con el amor, producimos más estrógenos, por tanto, al aumentar los niveles de estrógenos, nuestra piel, cabello y uñas mejoran y, esto hace que nos veamos más jóvenes. Adicionalmente. la liberación de melatonina producida con el amor, mejora la autoestima y nos llena de vitalidad.

El amor … el sustrato de los valores navideños

La generosidad, la humildad, la gratitud, la solidaridad, la paz. la reconciliación y la esperanza nacen del amor que debe hacerse presente en Navidad.

La generosidad es el acto de entrega hacia los demás, es regalarnos a cada quien, en su máxima expresión de forma desinteresada y cariñosa, más solo recibiendo a cambio, la satisfacción que la generosidad puede proporcionar.

Como decía San Nicolás: “Sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto”. En Navidad, es el tiempo ideal para que exista un propósito real de regalar tanto ayuda material, como espiritual, es decir, un gesto amable, una sonrisa, parte de nuestro tiempo o trabajo, entre otras tantas cosas muy valiosas, mucho más que el dinero.

La Navidad debería ser, para todos, sinónimo de solidaridad, cooperación, de servicio, de sensibilidad ante las necesidades del prójimo. Ser solidarios con la familia, con quien nos sirve en la tienda, con el compañero de trabajo, con los necesitados. Siempre hay oportunidad para ser solidarios, y es así durante todo el año.

La Navidad debe ser también una fiesta dedicada al perdón generoso y comprensivo. No debe haber lugar para el rencor. Es el momento ideal para retractarse por una ofensa, para acercarse a quien nos ha o hemos agredido, para perdonar y olvidar, para sorprender con un gesto cariñoso, para repartir nuestro amor a todos. Considera algo importante, del perdón nace la paz y esa paz es el estado pleno del alma.

La Navidad es una oportunidad maravillosa para que aquellas familias que están débiles, se fortalezcan; las que estás apartadas, se unan de nuevo; para las que están heridas, se sanen… Así que todavía estas a tiempo de aprovecharlas al máximo.

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